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Hay una manera de viajar, conocer ciudades y recorrer los paisajes más remotos sin gastar un peso en alojamiento ¿Cómo? Con el intercambio de casas. Si bién la modalidad no es nueva, los especialistas aseguran que en el último año este tipo de turismo se duplicó en internet.
¿A qué casa vamos de vacaciones?
Hay una manera de viajar, conocer ciudades y recorrer los paisajes más remotos sin gastar un peso en alojamiento ¿Cómo? Con el intercambio de casas. Si bién la modalidad no es nueva, los especialistas aseguran que en el último año este tipo de turismo se duplicó en internet.
La actividad nació hace unos 50 años en forma espontánea de la mano de unos docentes franceses y holandeses que tenían en común el mismo período de vacaciones. Así, un grupo reducido, y a través del boca a boca, podía veranear todos los años en distintas ciudades ahorrándose el alquiler. Con el tiempo, la tradición oral cambió por unos catálogos pesadísimos que se editaban en forma anual, hasta la llegada de Internet, que terminó expandiendo esta práctica por todo el mundo.

"El mercado está en pleno crecimiento, sólo en 2006 registramos un aumento del 60% en los intercambios", explica Violeta Díaz, representante de Intercambiocasas.com para España.

Los sitios en Internet proliferaron. Algunos son gratuitos; como Intervacaciones Club, Mundoanuncio.com, Gabinohome o TopRural. Y en otros hay que asociarse previo pago de una cuota anual (Intervac, HomeLink o Intercambiocasas.com). El precio de la cuota permite subir fotos de las propiedades que se van a intercambiar y colgar una ficha con las características y las condiciones de ese intercambio.

Luego hay que esperar que algún interesado se ponga en contacto y acordar la fecha del intercambio y, por supuesto, las condiciones. No es necesario hacer el intercambio en forma simultánea, muchas veces los anfitriones reciben a sus huéspedes y los acompañan en su estadía. "El sistema se basa en la confianza y el respeto mutuo", dice Claudio Polito, representante de Intervac en Argentina. Y, para que esa confianza no se rompa, los expertos dan algunas pautas para hacer un intercambio seguro.

A saber: es importante tener asegurada la vivienda, hacer un inventario de los objetos de valor, si es necesario firmar un contrato -algunas páginas se encargan de confeccionar un acuerdo base- y hacer la primera experiencia con un socio que ya tenga varios intercambios. "Si un miembro de Intervac se comporta en forma inadecuada, queda expulsado del sitio", aclara Polito y asegura que el comportamiento de los socios resulta excelente. "Si alguien rompe un vaso, se siente tan mal que no se conforma con reponerlo, compra un juego nuevo".

Argentina es un destino muy solicitado por los extranjeros pero hay pocos "intercambiadores". En Intervac hay 160 pedidos concretos pero sólo 13 miembros argentinos dispuestos a prestar su casa. La mayoría llega por recomendación de amigos europeos y otros se acercaron después de la crisis del 2001, como una opción para seguir viajando.

"Me anoté para intercambiar casas tras las insistencias de unos amigos catalanes que viajaron mucho con este sistema", cuenta Angela Diblasi desde su casa en Mendoza. Así esta profesora mendocina se asoció a un sitio de Internet. Unos meses después estaba rumbo a Praga. "La ventaja es que uno ahorra y vive la ciudad como un lugareño más, la relación con el entorno es otra", comenta Libertad Amati, una jubilada que todos los años intercambia su casa en Santa Fe, por alguna en la costa francesa.

Luz y Juan Carlos Bornia viven en Neuquén y una de sus hijas, Florencia, está radicada en Francia. "Con la devaluación del 2001 las visitas se complicaron por la diferencia abismal entre los euros y el peso, por eso nos animamos con el intercambio", cuentan. A pesar del miedo inicial, en 2004 hicieron su primera experiencia: cambiaron su casa en la Patagonia por un céntrico departamento en Orleans, Francia. Dos años después el matrimonio francés recorría el sur argentino.

Además de casas, hay socios que prestan el auto -para eso cuentan con un seguro contra todo riesgo- y hasta se animan a dejar sus mascotas al cuidado de los visitantes. Eso fue lo que les pasó a Heather y Ron, unos canadienses de 50 años que se contactaron con un socio de Phoenix, Estados Unidos. El hombre pedía que cuidaran de sus mascotas. A la pareja le pareció divertido porque nunca habían hecho un intercambio de casas que incluyera el cuidado de animales y aceptaron la invitación. Pero al llegar se encontraron con una pequeña granja que tenía caballos, una vaca, patos, gallinas y un chancho. Los dueños de casa les habían dejado una nota explicándoles todo lo que tenían que hacer para alimentar y atender a los animales. Por suerte, un veterinario, visitaba el lugar todas las semanas.

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